El hammam: un «spa» con inmersión cultural

Restamos importancia a las actividades de cuidado personal cuando vamos de viaje, y muchas veces esa práctica es una característica cultural en ese lugar del mundo.

Otra de las cosas que no hacemos cuando vamos de vacaciones a Marruecos, es ir al hammam. Y es que no hay suficiente tiempo, o es que le damos prioridad, si sólo vamos a estar 1 día en Marrakech, a visitar lugares.

Escuchad bien, los lugares que hay para visitar en Marrakech o cualquier otra ciudad de Marruecos, son muy recomendables, los monumentos presentan rasgos arquitectónicos y decoraciones preciosos, el desierto es especial, los oasis lugares mágicos con una energía muy positiva, los mercados son bulliciosos y muy coloridos… pero no olvidar, que cuando vamos de viaje no sólo es interesante visitar lugares, sino también impregnarse un poco de la vida local, viajar nos puede aproximar a las vidas de esas personas, de culturas diferentes, ni que sea por tan solo unas horas. Pero para eso hay que hacer actividades o meterse por lugares que otros turistas no van, hay que dejarse los remilgos en el hotel o riad, ser valiente y probar. En Marruecos hay dos formas interesantes de hacer un poco de inmersión cultural. Una forma es comiendo en restaurantes locales, la comida local. Y la otra es yendo a un hammam una tarde.

NO ES UNA PRÁCTICA ÚNICA EN EL MUNDO, PERO SÍ LO ES EL FORMATO.

Es muy común, en cualquier otro destino, en nuestras vacaciones el buscar algunos momentos de disfrute personal, yendo a un spa, o hacernos un masaje en cualquier país del Sureste Asiático, ir a los onse en Japón, incluso en Turquía probamos el baño turco. Incluso en Granada se cada vez hay más demanda de esta actividad. El hammam, que no sólo lo encontramos en Marruecos, sino en la mayoría de países árabes, es eso: un baño, un lugar dónde el vapor propicia que tu piel pueda ser exfoliada y se quede suave por unos cuantos días sin necesidad de más cremas hidratantes corporales. Pero no sólo es un lugar de higiene, sino que es un lugar de socialización para mujeres y hombres, un espacio de conversaciones, de risas, de cuidados, ese lugar en donde descansan y desconectan de sus tareas diarias. Spa para nosotros es un concepto moderno, pero para ellos es una práctica ancestral, los árabes siempre han sido considerados “la cultura del agua”.

UN HÁBITO DE HIGIENE, NO DE HEDONISMO.

Para los marroquís es un hábito semanal, porqué ya he dicho que tiene que ver más con la higiene que con el hedonismo. Y en el caso de las novias, es la actividad que se realiza en el primer día de la celebración. Es el día que pasa con sus amigas (a modo de despedida de soltera) y dónde se preparará para ponerse guapa, pero también tiene el significado de purificarse y prepararse para entrar en la madurez, ya que va a casarse.

En cada barrio de las ciudades marroquís hay una mezquita y un hammam. Hay el espacio para los hombres y para las mujeres por separado, o en los hammams más pequeños, hay horario para hombres y para mujeres.

El origen de esta práctica es previa a la llegada del Islam en la zona. Ellos lo consideran una manifestación de identidad propia, pero se trata de una práctica reinventada, donde el verdadero origen ha sido olvidado o borrado. El baño público se impuso desde finales del siglo VII en el imperio musulmán como una manifestación de su arte de vivir. Sin embargo, el hammam había sido heredado de los romanos y su sistema de hipocausto (calefacción del suelo) utilizado en las termas de la Roma imperial.

Más tarde, sería reinventado en Damasco y Estambul por las élites musulmanas, una práctica reconfigurada en el Magreb y que apenas será alterada por la colonización, manteniéndose intacta hasta principios del siglo XX. Y así, el hammam tradicional está presente en todo el islam mediterráneo, adaptándose a los marcos geográficos, históricos y antropológicos de las sociedades locales. Aunque su estructura y funciones son más o menos comunes, evoluciona en todas partes a su propio ritmo en un continuo muy amplio de relaciones con el cuerpo y el agua.

¿DE QUÉ SE TRATA?

El ritual de hammam es sencillo. Los marroquíes suelen llevar jabón negro (o jabón beldi, hecho a base de aceite de oliva, sosa y cenizas), champú, guante exfoliante (kiis), toalla, ropa de baño, un cubito para el agua, útiles de afeitado y/o rasurado y perfumes o trocitos de ámbar.

El primer paso es pasar a un cuarto de aire caliente donde relajarse y respirar profundamente. Con el calor del ambiente nuestros poros se dilatarán y permitirán una limpieza profunda de la piel. Posteriormente se pasa a una zona aún más caliente donde es importante controlar el tiempo que se permanece para no sufrir mareos ni bajadas de tensión por la temperatura. El siguiente paso es sumergirse en el agua fría, el contraste es bastante grande pero ese cambio brusco de temperatura es perfecto para nuestra piel.

Por último nos bañarán con jabón y nos darán un masaje que limpiará a la perfección nuestra piel.  Después pasaremos a la sala de enfriamiento donde nos relajaremos antes de salir de los baños hammam.

NO DEJA INDIFERENTE

En la cultura marroquí el cuidado del cuerpo de forma interior y exterior tiene gran importancia. La belleza y el bienestar físico ocupa una gran parte de las prioridades de los marroquíes. Ven a vivir esta experiencia tan relajante y única con nosotros.

Las escenas son de una intimidad enternecedora: mujeres de diferentes generaciones bañándose unas a otras; algunas sentadas, otras de pie; unas hablando y otras en silencio.

Eso sí, hay hammams tradicionales, en los que vives una experiencia local; y otros turísticos, que se parecen ya a los spa. Para algunas personas, el ambiente extremadamente húmedo puede llegar a resultar agobiante y la intimidad de la experiencia podría resultar incómoda (hay una persona que te está bañando, como cuando eras pequeña). Si das mucha importancia a alguna de estas cuestiones, quizás no es tu tipo de experiencia, pero, si no es el caso o si a pesar de ello sientes curiosidad, te animo a probarlo.

Lo único que puedo afirmar con seguridad es que no te dejará indiferente. Y, además, ¡seguro que nunca habrás tocado tu piel tan suave como a la salida de un Hammam!

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